SIN CIRCUIT NO HAY PARAISO

Mientras medio mundo gay está remojándose o de fiesta continua en el Circuit, Bruno tiene que seguir trabajando, sin vacaciones y encima con su novio fuera por un viaje de negocios (o eso le ha dicho).

Más caliente que el mar Mediterráneo en estos días y con ganas de sexo, el trajeado Bruno se va directamente desde el trabajo a su club favorito, donde sabe que entre las oscuras paredes el placer está garantizado. Desafortunadamente, en el club parece que no hay un alma (lo dicho, están todos en Barcelona) así que se apoya en una pared y se saca la polla de los pantalones para masturbarse. Le basta recordar previas visitas con sexo increíble entre esas mismas paredes para que se le ponga dura como una roca.

Pero en el mismo pasillo, un también trajeado y musculoso semental no le quita los ojos de encima, se trata de Alan y como él ha venido en busca de sexo, aproximándose para agarrarle la polla con la mano.

Bajo el traje de ejecutivo, Alan va bien equipado con su arnés de cuero y los dos pasan la siguiente hora acariciándose, besándose y mamándose las pollas y devorando sus culos.

Pero no han acudido solo para eso y en cuanto Bruno ha lamido bien el estrecho ojete de Alan, dejándolo empapado de saliva se lo folla a pelo con todas sus fuerzas hasta que sus perfectos abdominales acaban chorreando el semen caliente de sus corridas.

No es el Circuit, pero desde luego Bruno y Alan salen del club habiendo satisfecho sus imperiosas necesidades sexuales.

 

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